Descubren tumba zapoteca de 1,400 años en Oaxaca; revela rituales funerarios de la antigua civilización
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Oaxaca Aquí y Ahora
11 de marzo de 2026
Una tumba zapoteca extraordinariamente conservada, que data aproximadamente del año 600 d.C., fue descubierta recientemente en las montañas del estado de Oaxaca, cerca del municipio de San Pablo Huitzo, en el Valle de Etla. El hallazgo arqueológico, anunciado en enero de 2026, ofrece una mirada excepcional a las creencias religiosas y prácticas ceremoniales de esta antigua civilización mesoamericana.
El descubrimiento corresponde a la Tumba número 10, localizada en el Cerro de la Cantera, a unos 31 a 35 kilómetros de la ciudad de Oaxaca. La estructura permaneció sellada durante aproximadamente 1,400 años, lo que permitió conservar importantes elementos arquitectónicos, escultóricos y pictóricos.
La excavación fue realizada por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), encabezados por los arqueólogos Jorge Bautista Hernández y Gabriela Galicia Moreno, luego de que a finales de 2025 se reportaran excavaciones ilegales en la zona.
Arquitectura funeraria de élite
La tumba mide 5.55 metros de largo, entre 1.66 y 2.79 metros de ancho, y una altura que oscila entre 1.68 y 2.60 metros. Está construida con piedra caliza, cantera y estuco de cal, y presenta una compleja bóveda escalonada, característica de la arquitectura funeraria zapoteca del periodo Clásico Tardío.
El recinto cuenta con dos espacios principales: una antecámara y la cámara funeraria principal. Este tipo de construcción se asocia con entierros de personajes de alto rango dentro de la sociedad zapoteca.

El búho guardián de la tumba
Uno de los elementos más llamativos del hallazgo es una escultura monumental de un búho o tecolote, colocada sobre la entrada de la antecámara. En la cosmovisión zapoteca, el búho simbolizaba la noche, la muerte y la transición hacia el inframundo.
La escultura presenta un detalle iconográfico singular: su pico abierto rodea el rostro pintado de una figura masculina que los arqueólogos interpretan como un “Señor Zapoteca”, posiblemente un ancestro deificado o el gobernante para quien fue construida la tumba. De acuerdo con los especialistas, el búho habría funcionado como un intermediario espiritual entre el mundo de los vivos y el reino de los ancestros.

Murales que revelan rituales funerarios
En el interior se conservan fragmentos de murales policromados que representan una procesión ceremonial. Las figuras portan bolsas con incienso de copal, una resina aromática utilizada en rituales mesoamericanos.
Las pinturas fueron elaboradas con pigmentos ocre, rojo, blanco, verde y azul, y muestran a personajes que parecen participar en un ritual funerario, lo que constituye una evidencia visual poco común de las ceremonias y jerarquías sociales zapotecas durante el periodo Clásico Tardío.
Además, en el dintel de piedra se identificaron signos calendáricos, relacionados con el sistema zapoteca de medición del tiempo, así como figuras talladas de un hombre y una mujer que podrían haber funcionado como guardianes simbólicos de la tumba.
Investigaciones en curso
Durante las excavaciones se recuperaron fragmentos óseos humanos, actualmente analizados por especialistas en antropología física. Los estudios buscan determinar la edad, el sexo, el estado de salud y la posible relación genética del individuo enterrado con las élites de ciudades zapotecas como Monte Albán.
El sitio de Huijazoo, nombre zapoteco del área que significa “Atalaya de la Guerra”, fue una zona estratégica en la frontera con los pueblos mixtecos y habría alcanzado su mayor desarrollo entre 650 y 700 d.C.
Los trabajos de conservación continúan, mientras los investigadores estabilizan los murales y estudian los objetos encontrados. Las autoridades han adelantado que la tumba podría abrirse a visitas educativas y excursiones escolares hacia finales de 2026.
El hallazgo representa una oportunidad única para profundizar en el conocimiento de la civilización zapoteca, una cultura que surgió alrededor del 700 a.C., desarrolló importantes centros urbanos como Monte Albán y Mitla, y cuyos descendientes continúan habitando Oaxaca hasta la actualidad.






























